viernes, 22 de enero de 2016

Ramón López Velarde "A la traicion de una hermosa"

A LA TRAICION DE UNA HERMOSA

Tú que prendiste ayer los aurorales
fulgores del amor en mi ventana;
tú, bella infiel, adoración lejana
Madona de eucologios y misales:

Tú, que ostentas reflejos siderales
en el pecho enjoyado, grave hermana,
y en tus ojos, con lumbre sobrehumana,
brillan las tres virtudes teologales:

no pienses que tal vez te guardo encono
por tus nupcias de hoy. Que te bendiga
mi señor Jesucristo. Yo perdono

tu flaqueza, y esclavo de tu hechizo
de tu primer hijuelo, dulce amiga,
celebraré en mis versos el bautizo.

Velarde plantea el desamor y rencor de una forma fría y desalmada, en el cual menciona que cuando estuvo enamorado de ella fue correspondido pobremente para después ser olvidado y engañado por alguien más.  Ahora el autor expresa que nunca la dejo de querer y por eso la sigue considerando una hermana y amiga a pesar de todo lo que le hizo.

Ramón López Velarde "Ella"

ELLA

Esta novia del alma con quien soñé en un día
fundar el paraíso de una casa risueña
y echar, pescando amores, en el mar de la vida
mis redes, a la usanza de la edad evangélica.

Es blanca como la hostia de la primera misa
que en una azul mañana miró decir la tierra
luce negros los ojos, la túnica sombría
y en un ungir las heridas las manos beneméritas.

Dormir en paz se puede sobre sus castos senos
de nieve, que beatos se hinchan como frutas
en la heredad de Cristo, celeste jardinero;

tiene propiedades hondas y los labios de azúcar,
y por su grave porte se asemeja al excelso
retrato de la Virgen pintado por San Lucas.


Velarde dedica esta obra hacia una mujer extraordinaria para él en todos los sentidos, es increíble cómo en tan pocas palabras logra describirla con tanta devoción y amor que hacen imaginarse estar enamorado de la dama, recalca su apariencia física como perfecta haciendo comparación con diversas cosas, sabores, colores e incluso con una obra de arte.

Rubén Darío "Del campo"



Del campo


¡Pradera, feliz día! Del regio Buenos Aires 
quedaron allá lejos el fuego y el hervor; 
hoy en tu verde triunfo tendrán mis sueños vida, 
respiraré tu aliento, me bañaré en tu sol. 

Muy buenos días, huerto. Saludo la frescura 
que brota de las ramas de tu durazno en flor; 
formada de rosales, tu calle de Florida 
mira pasar la Gloria, la Banca y el Sport. 

Un pájaro poeta rumia en su buche versos; 
chismoso y petulante, charlando va un gorrión; 
las plantas trepadoras conversan de política; 
las rosas y los lirios del arte y del amor. 

Rigiendo su cuadriga de mágicas libélulas, 
de sueños millonarios, pasa el travieso Puck; 
y, espléndida sportwoman, en su celeste carro, 
la emperatriz Titania seguida de Oberón. 

De noche, cuando muestra su medio anillo de oro 
bajo el azul tranquilo, la amada de Pierrot, 
es una fiesta pálida la que en el huerto reina, 
toca en la lira el aire su do-re-mi-fa-sol. 

Curiosas las violetas a su balcón se asoman. 
Y una suspira: «¡lástima que falte el ruiseñor!» 
Los silfos acompasan la danza de las brisas 
en un walpurgis vago de aromas y de visión. 

De pronto se oye el eco del grito de la pampa; 
brilla como una puesta del argentino sol; 
y un espectral jinete como una sombra cruza, 
sobre su espalda un poncho; sobre su faz, dolor. 

?¿Quién eres, solitario viajero de la noche? 
?Yo soy la Poesía que un tiempo aquí reinó: 
Yo soy el primer gaucho que parte para siempre, 
de nuestra vieja patria llevando el corazón.

En esta obra el autor nos describe con una particular destreza la belleza de la naturaleza, el campo, describiendo su sensación de felicidad hacia el día en el campo resaltando colores, aromas y sensaciones al estar ahí sin necesidad de estarlo para finalmente cortar con esa dicha tajantemente al llegar la noche.


Rubén Dario "De invierno"

De invierno 


En invernales horas, mirad a Carolina. 
Medio apelotonada, descansa en el sillón, 
envuelta con su abrigo de marta cibelina 
y no lejos del fuego que brilla en el salón. 

El fino angora blanco junto a ella se reclina, 
rozando con su hocico la falda de Aleçón, 
no lejos de las jarras de porcelana china 
que medio oculta un biombo de seda del Japón. 

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño: 
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris; 
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño 

como una rosa roja que fuera flor de lis. 
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño, 
y en tanto cae la nieve del cielo de París.


La obra de Dario va dirigida hacia la amada del hombre, el cual al llegar de su jornada hacia su  hogar se encuentra a su pareja dormida al lado de la leña, después de haber tomado el té. Entonces va y deja su abrigo para luego dirigirse a darle un beso tierno para despertarla con una sonrisa. El autor describe un ambiente frío que se convierte en cálido, donde desarrolla una pequeña escena romántica del día a día de una pareja enamorada, mostrando cómo gracias a esos pequeños momentos se puede generar una felicidad infinita.




lunes, 18 de enero de 2016

Creadores de letras:

Laura Montoya
Mariana Esteves
Fernando Guardado
Fermín Herrera
Marco Barragán